Y el Mundo ¿No Creerá?

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..para que el mundo crea que tú me enviaste

Perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. Hechos 2:46-47

No es un trabajo sencillo el llevar “la semilla”: requiere disposición, actitud y una vida transformada por la Palabra, para luego ser el medio de la Palabra que cause impacto de un evangelio verdadero.

Autor: Carolina Retamal Oettinger. Esposa de Pastor, madre de dos hijos.

Al comenzar la Iglesia con la venida del Espíritu Santo sobre los ciento veinte que se encuentran reunidos, comienza también con ello un cambio notorio y radical no solo en Judea sino también en el mundo entero.

Pedro, lleno del Espíritu Santo, al ver esa multitud expectante, deseosa de saber qué acontecía ese día de pentecostés, comienza a predicar. Sabemos por el libro de los Hechos, que fueron tres mil hombres los que oyeron y creyeron. Podemos preguntarnos ¿Qué contenía el mensaje de Pedro que fue tan convincente? Pedro apeló al conocimiento que tenía el pueblo judío acerca de Dios y de las Escrituras. No debemos olvidar que ellos esperaban al Mesías, y… vino el Mesías, estuvo entre ellos; enseñó; sanó; restauró y… ¡ellos lo vieron, escucharon hablar de Él, pero no lo recibieron y finalmente lo crucificaron! Eran culpables, culpables de la muerte del Mesías.

Entonces le preguntan a Pedro: “¿Qué haremos?” Pedro, entonces, les dice: “Arrepentíos” ¡Claro! ¡Es interesante entonces, descubrir “por qué creyeron”! ¿Cómo no iban a creer el mensaje de Pedro? ¿Cómo no iban a recibir el regalo del perdón y la vida eterna a través de Cristo y su muerte?

Les impactó una realidad vívida. No ajena a sus propias vivencias. El mensaje dado, lo tomaron para sus propias vidas. ¡Por fin el mensaje que Dios deseaba que entendiéramos desde el comienzo, que estaba escrito en el Antiguo Testamento, que Nicodemo por sí solo no pudo comprender y tuvo que acudir a Jesús, ahora era comprendido! Una nueva vida, con un nuevo corazón, ya no de piedra, sino de carne, con Cristo como el Señor y el Espíritu Santo en la vida de todos los que se arrepintieron y creyeron.

La iglesia en sus comienzos causó una revolución. Mientras aquellos que eran ajenos al cristianismo miraban, seguramente espantados, cómo esta nueva creencia, los “del Camino” aumentaban y se multiplicaban. Ni las persecuciones, ni amenazas, ni la misma muerte les hacían desistir de creer en Jesús.

¿Qué puede hacer que una gran cantidad de personas se vean influenciadas a tal punto de tomar decisiones drásticas como: abandonar una fe de antaño, dejar la adoración a ídolos, el despojo de las riquezas, incluso ser despreciado por su propia familia?  Sabemos que solo el poder de Cristo y su obra en la cruz pueden causar un efecto tan grande en la vida de una persona. Pero, ¿Es importante también la vida del mensajero? ¿Influye el testimonio práctico de aquellos que profesan este evangelio?  

Cuando el libro de Isaías y Romanos nos habla del que lleva la Palabra, dice: “Irá andando y llorando”. No es un trabajo sencillo el llevar “la semilla”: requiere disposición, actitud y una vida transformada por la Palabra, para luego ser el medio de la Palabra que cause impacto de un evangelio verdadero.

¿Cuál fue el impacto que causó la vida de estos primeros creyentes en la sociedad? Si nos introducimos en la vida de los primeros cristianos, es entrar en un grupo de personas que dan la impresión de estar todos emparentados. Es como entrar a una verdadera familia, pero una familia de la fe. Cada creyente nuevo era aceptado dentro de esta familia: esclavos, libres, ricos y pobres.

Ellos se preocupaban por “los otros”; se reunían continuamente; hacían causa común al ver a uno de ellos en necesidad; hacían oraciones juntos clamando a Dios por Su ayuda, y el Espíritu Santo les guiaba; los llenaba de valentía y les fortalecía para seguir adelante.

¿Era impactada la sociedad de ese tiempo? ¿Cómo reaccionaban ante la Iglesia? El temor de Dios caía sobre ellos; los respetaban y seguramente acudían a ellos en caso de necesidad espiritual. Vemos entonces, que la iglesia no pasaba desapercibida al mundo, ni a los ojos de los que les veían. Pero, ¿Qué actitud de la Iglesia sería la que más impactaba? ¿Qué actitud será la que nosotros debemos resaltar para impactar la sociedad?

Había Unidad entre ellos. Primero unidos a Jesús, unidos en la misma Palabra; unidos en el amor filial; unidos en la adversidad; unidos en el gozo y la tristeza; incluso unidos en la muerte.

¡Qué privilegio más grande! Que una persona conozca a Dios, al ver nuestra comunión y unidad. ¿Y tú, cómo actúas en tu día a día? Y tu entorno ¿No creerá?

“Para que todos sean UNO; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tu me enviaste” (Juan 17:21)