Honrando la paternidad

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Construyamos con el ejemplo

Los hijos que le nacen a un hombre joven son como flechas en manos de un guerrero” (Salmos 127:4 NTV)

El énfasis y esfuerzo que ponemos en la transmisión de preceptos, no es suficiente; el ejemplo que ellos observan de nuestra propia vida y conducta será gravitante para su desarrollo y formación.

Autor: Daniel Bontes M. Pastor ACyM Coquimbo

Existe una máxima que nos plantea un gran desafío a todos quienes tenemos el privilegio de ser padres: “Los hijos son el reflejo de los padres”. En una reunión de apoderados hace un tiempo, apunté una frase de la profesora jefa del curso de mi hija mientras ella hablaba acerca de la importancia de la participación de los padres en la educación de nuestros hijos: “Dar ejemplo, no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. (Albert Einstein)

La importancia de educar con el ejemplo

Los niños, principalmente cuando pequeños, aprenden imitando, y los primeros a los que copian en sus actitudes y acciones es a sus padres. Claramente, y sin darnos cuenta, estamos dando ejemplo a nuestros hijos todos los días. Como padres somos responsables de construir la vida de nuestros hijos. El énfasis y esfuerzo que ponemos en la transmisión de preceptos, no es suficiente; el ejemplo que ellos observan de nuestra propia vida y conducta será gravitante para su desarrollo y formación. Si ellos se dan cuenta que mentimos, que no cumplimos con nuestros compromisos, que somos poco solidarios, seguirán nuestro ejemplo; definitivamente, independiente de todas las recomendaciones verbales que les demos, ellos se fijaran en nuestro comportamiento.

El buen ejemplo en la práctica

El ejemplo es la coherencia que debe tener todo padre entre lo que dice y hace. Jesús Rosales Valladares, consejero familiar y miembro del equipo Enfoque a la Familia, puntualiza al respecto algunos consejos que me parecen muy precisos:

  • Para que los hijos no griten, los padres no deben gritar.

  • Para que los hijos no sea violento, los padres deben erradicar todo tipo de violencia del hogar.

  • Para que el hijo no descalifique, insulte o agreda, los padres no lo deben hacer con él.

  • Para que el menor aprenda a ser afectivo y pueda expresarse emocionalmente con besos y abrazos, sin importar la edad los padres deben ser siempre afectivos y cariñosos con sus hijos.

  • Para que el niño no crezca con miedos, los padres no deben educar a los hijos con base en miedos y amenazas.

  • Para que los hijos no emitan juicios de valor hacia los demás, los padres no deben juzgar a sus hijos; para que el hijo no etiquete a otras personas, el padre no debe etiquetar a sus hijos.

  • Para que los hijos disfruten de la vida y sean felices, los padres deben disfrutar la vida con sus hijos y mostrarles que son felices con ellos, a pesar de las circunstancias y factores externos que puedan enfrentar. (www.enfoquealafamilia.com. Art. Del 4 de abril 2016)

Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta”. (Salmos 127:3-5)

Cómo flechas en manos del valiente

A los hijos se les compara con flechas y al padre, con un guerrero poderoso. Tal como un arquero sabe que las flechas no dan en el blanco por casualidad, nosotros debemos comprender que la educación de los hijos no puede dejarse al azar. Todo padre quiere que sus hijos den en el “blanco”, que se conviertan en adultos responsables, íntegros y felices, que sepan tomar buenas decisiones, que eviten problemas innecesarios y alcancen metas que merezcan la pena. Lamentablemente, no basta con que nosotros deseemos de todo corazón estas cosas para ellos, sino lo acompañamos con trabajo duro, constante y premeditado. ¿Qué se necesita para que nuestras flechas den en el blanco? Primero hay que prepararlas con cuidado; segundo, protegerlas bien y finalmente, dispararlas con fuerza hacia el objetivo. De la misma manera, para que los niños lleguen con éxito a la adultez, hay que prepararlos, protegerlos y darles dirección. Transmitamos la buena enseñanza, corrijamos con amor, y seamos un buen ejemplo para ellos.

Ser ejemplo, no es ser perfecto. Como padres nos equivocaremos una y muchas veces; pero animémonos; aun esa equivocación se puede transformar en un recurso y oportunidad para enseñar a nuestros hijos, siempre y cuando seamos capaces en humildad de reconocer nuestros errores y en la disposición y voluntad de corregirlos. Y no olvidemos, en todas las tareas que se nos han encomendado para esta vida, Dios está dispuesto a ayudarnos. La oración y la palabra siguen siendo los recursos más poderosos para enfrentar cada misión; y el ser padres es una de las más desafiantes.