Hogar de Fe

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Familias con propósito

¡Escucha, pueblo de Israel! Nuestro único Dios es el Dios de Israel. Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales. Apréndete de memoria todas las enseñanzas que hoy te he dado, y repítelas a tus hijos a todas horas y en todo lugar: cuando estés en tu casa o en el camino, y cuando te levantes o cuando te acuestes. Escríbelas en tiras de cuero y átalas a tu brazo, y cuélgalas en tu frente. Escríbelas en la puerta de tu casa y en los portones de tu ciudad”. Deuteronomio 6:4-9

Al concebir al hogar como núcleo central en el desarrollo de la fe, los padres tienen la oportunidad en primer lugar, de encontrarse con su Creador, siendo desafiados a asumir un compromiso en amor y el desarrollo de una fe, que se expresa en su estilo de vida, en las experiencias cotidianas junto a sus hijos y en la interrelación con su entorno y comunidad.

Autor: Ma Consuelo Cárdenas Barría, Psicóloga y estudiante Seminario Teológico Aliancista

En la propuesta del Reino de Dios, la familia se concibe como un espacio donde se construye nuestra identidad, nuestra educación, cómo aprendemos a relacionarnos y convivir junto a otros, además de crecer en nuestra fe1.

Esto pudiese llevarnos a reflexionar en cómo se lleva a cabo este proceso en la actualidad ¿Qué enseñanzas y ejemplos son los que los padres están transmitiendo a sus hijos? ¿Cómo se desarrolla el proceso de fe familiar y cómo los niños y niñas van siendo guiados sobre los fundamentos cristianos y los valores para la vida?

El Hogar: refugio que cobija la fe

Si analizamos el contenido de Dt. 6:4-9, vemos que el corazón de la transmisión de la fe bíblica se encuentra en el hogar, siendo éste, el espacio que provee un lugar íntimo para traspasar el contenido de la enseñanza de la fe y los principios para la vida, de padres a hijos (incluyendo la participación de la familia extensa). En cuanto al contenido que se desarrolla en el hogar, su eje central es la instrucción respecto a la fidelidad y el amor a Dios. Este principio fundamental sirve como base para todo el proceso pedagógico: el cómo (comunicación oral, escrita, el ejemplo), el dónde (el hogar), el cuándo (en todo tiempo), el quiénes (de padres a hijos)2.

En medio de las presiones actuales, es posible apreciar a la familia en un estado de confusión en cuanto a su identidad y sentido de propósito. En este escenario, Deuteronomio nos recuerda el valor de la Palabra de Dios, aquella que permanece, es pertinente y contextual en medio de los diversos momentos, procesos históricos y grupos humanos. La Palabra reconoce la acción concreta de Dios a lo largo de todas las generaciones, por tanto presente y vigente en el desarrollo y crecimiento de cada familia.

Al concebir al hogar como núcleo central en el desarrollo de la fe, los padres tienen la oportunidad en primer lugar, de encontrarse con su Creador, siendo desafiados a asumir un compromiso en amor y el desarrollo de una fe, que se expresa en su estilo de vida, en las experiencias cotidianas junto a sus hijos y en la interrelación con su entorno y comunidad. En este sentido, la crianza es vivida por éstos como un espacio de privilegio, identificando, fortaleciendo y acompañando el desarrollo integral de los niños y niñas, reconociendo y fomentando sus habilidades, preparándolos como ciudadanos responsables y comprometidos en el servicio a otros, proyectándolos desde pequeños para la vida y los propósitos que Dios ha preparado para ellos.