¡Eres un inútil!

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Violencia hacia el varón, una realidad oculta en la iglesia

“El hierro se pule con el hierro, y el hombre se pule en el trato con su prójimo”. Proverbios: 27:17.(RVC)

“Estoy cansado, me siento hastiado de tanta violencia y no sé qué hacer,  ya no tengo ánimo de volver a mi casa porque siempre es lo mismo, soy violentado por mi mujer”, lo dijo casi en silencio, murmurando la última palabra con vergüenza, casi obligado a contarlo por el momento difícil que vivía. Era Fernando, un hombre casado hace 12 años, con una mujer que conoció en el liceo donde estudiaron. Ya tenían dos hijos, una linda parejita de 10 y 8 años con un buen pasar en lo económico. Ella, dueña de casa y él, un profesional con un cargo ejecutivo importante. Nadie lo hubiese imaginado, pero desde hacía unos años su esposa se comportaba en forma violenta con él.

A Fernando le había llamado para juntarnos, ya que después de finalizada una de nuestras reuniones de hombres en la iglesia, le había saludado y me pareció que no era el mismo que antes había conocido. Algo le sucedía y por fin este café era la excusa perfecta para saber más de él.

Era temprano y el olor al grano del café invitaba a conversar. Luego de dar gracias a Dios le pregunté: ¿Y cómo te agrede tu mujer, si se ve que es tan frágil? “Ella ha cambiado” susurró. Ahora me observa, me juzga y me critica, además me insulta verbalmente”, respondió con pena. “Las primeras veces, la dejé y cada vez fue peor, prosiguió. Y lo más complicado es que no sé qué es lo que he hecho. Siempre me he esforzado por ser un buen esposo y padre, nunca pensé que esto me podría ocurrir”. ¡No sirves para nada! ¡qué inútil que eres! ¿Cuándo te vas a comportar como un hombre de verdad? Eran las frases más comunes que recibía a diario, luego los empujones y bofetadas que también soportaba de vez en cuando.


Casos similares se están viviendo a diario en muchos hogares de nuestro país. Es violencia sicológica y física de una mujer hacia un hombre, aunque la mayoría no denuncia, según el registro civil.  Como el caso de Fernando, existen datos en el registro de condenados por violencia intrafamiliar (VIF) y que nos hablan que desde el año 2006 la cifra es de 88 mujeres condenadas por esta causa  y que el 2014 aumentó a 541 casos. Pero fueron muchos más, según la Secretaría de prevención del delito y de carabineros, más de 17 mil hombres fueron víctimas en Chile en 2014, y el año pasado, la cifra fue muy parecida. Esto ocurre a toda edad, pero el grupo etario más afectado es de 26 a 35 años.

Muchos siguen diciendo: “Aquí somos cristianos y esos problemas de violencia no existen, son para los incrédulos” En nuestras iglesias ¿qué sucede con este tema?¿será sólo Fernando el que sufre? O muchos siguen diciendo: “Aquí somos cristianos y esos problemas de violencia no existen, son para los incrédulos”. A pesar de negarlo, este problema existe y es real, más real de lo que parece. Lamentablemente para los hombres involucrados, no es un tema para llevar a la oficina pastoral ya que priman los estereotipos patriarcales y rígidos del varón con respecto a lo que se espera de él como “hombre” en la relación de pareja, además del miedo de ser juzgado por la hermandad si esto se llegara a saber.

Si la violencia de un hombre a una mujer es compleja, mucho más lo es, el de la mujer a su cónyuge. La razón principal es el silencio del agredido por temas culturales.  La palabra de Dios nos instruye a ser capaces de resolver los conflictos en el amor y el temor del Señor. ¿Cómo identificamos dentro de la congregación casos que se están gestando o están por explotar?  La respuesta a esa pregunta es clave ya que nos permite involucrarnos como líderes puestos por el Señor al servicio de la hermandad e indagar en sus vidas al ser visitados por el pastor o por miembros confiables y de testimonio.

La labor de la iglesia local es fundamental a la hora de enfrentar los conflictos que sus miembros están teniendo y a través de los grupos de matrimonios, grupos en casa o como lo hacemos en el Ministerio de Varones, a través de la amistad que se logra trabajando en grupos pequeños podemos llegar al corazón de un hombre en conflicto.

La violencia, cuando se hizo evidente, ya pasó por procesos que incluyen el enojo, ira, resentimiento, amargura, aislamiento. Un violento o una violenta no nacen de un rato a otro. Es parte de una historia que tenemos que ayudar a descubrir. Cantares 2:15 dice refiriéndose al amado y a la amada “Atrapen a las zorras, a esas zorras pequeñas que arruinan nuestros viñedos, nuestros viñedos en flor”. Está claro que un conflicto, como los que tenemos en nuestros matrimonios es un depredador que podría arruinar nuestra relación de pareja si no lo descubrimos a tiempo y lo negamos. Debemos pedir ayuda al Señor en primer lugar, pero también una ayuda profesional adecuada.

La Biblia nos dice que debemos estar en paz con todos, eso fue lo que le dije a Fernando quién se había desahogado. Me agradeció por escucharlo, pues lo necesitaba y quedó de volver a intentar hablar con su mujer para mejorar la comunicación y buscar ayuda pastoral y profesional. Hoy Fernando, después de 3 meses, está mejor, se le ve feliz y participa activamente en nuestro grupo de hombres. Su mujer reconoció haber sido maltratada de pequeña y que frente a un conflicto se había acostumbrado a enfrentarlo con violencia. Pidió perdón a Dios y a su esposo y siguen adelante juntos como Dios lo quiere. Quizá si lo hubiésemos descubierto antes, se habrían evitado maltratos y escenas de violencia. Dios quiera que despertemos y estemos atentos a atender a nuestros hermanos más débiles en la fe, que les escuchemos y seamos amigos ya que como dice la Biblia: “El hierro se pule con el hierro, y el hombre se pule en el trato con su prójimo”.  Proverbios: 27:17.(RVC)