Enseñanza al corazón

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Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Santiago 1:5

Somos llamados a la comunicación e instrucción diaria de nuestros hijos, agradecidos por el enorme privilegio de formar sus vidas en el amor de Dios.

Autor: Karen Yagode

Creo firmemente que todos aquellos que tenemos hijos, sumaríamos a nuestro día un par de horas para alcanzar a hacer todo aquello que, según nosotros, está en nuestra lista de actividades. Día a día cumplimos diversos roles, y sin quererlo, gran parte de nuestra energía es consumida en el trabajo, fuera o dentro del hogar y al caer la tarde (que en muchas ocasiones es cuando la mayoría puede compartir con sus hijos y conversar con ellos) estamos tan cansados, que sólo queremos un momento de “tranquilidad”.

Esto solemos entenderlo como estar quietos, hacer algo que nos guste o simplemente no tener preocupaciones o afanes; entonces la familia disminuye los espacios en común y perdemos comunicación. Ya que cada uno quiere tener su propio momento de tranquilidad, hijos y padres suelen involucrarse en actividades diferentes, las cual no siempre tienen un punto de encuentro al terminar el día.

En mi trabajo, comúnmente escucho a madres que me señalan que su hijo/a adolescente no les cuenta nada; ellas tratan de entablar una comunicación, pero este joven o jovencita sólo contesta con monosílabos. Ellas suelen vivir esto con mucha pena y también angustia de no saber cómo revertir la situación, pero debemos estar atentos, porque estas situaciones no ocurren de un día a otro. Es verdad que existirán días en que el cansancio será enorme y anhelaremos descansar más que nada, pero somos llamados a la comunicación e instrucción diaria de nuestros hijos, agradecidos por el enorme privilegio de formar sus vidas en el amor de Dios. Si no lo hacemos nosotros, lo hará la televisión, internet u otras personas que ellos comenzarán a sentir significativas en sus vidas.

Dios puso su amor y enseñanza en tu vida para compartir sus buenas nuevas con todo aquel que no le conoce, pero debes recordar que tu ministerio más cercano es tu familia. Son los primeros talentos que Dios puso en tu vida para que lleves mucho fruto. Sin embargo, esto requiere amor, perseverancia, gracia y sabiduría, y aunque pueda parecer una meta inalcanzable, Dios nos ha prometido ayudarnos a desarrollar cada una de ellas en nuestras vidas.

Recuerda siempre lo enseñado en Deuteronomio 6:6-7 “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. Por tanto, nuestra instrucción debe ser diaria y constante, porque si amamos al Señor y anhelamos servirle, nuestra vida entera debe ser adoración a Él y por tanto, todo nuestro día y las diversas situaciones que enfrentemos son una oportunidad para enseñar a nuestros hijos. Si hay alguien enfermo en casa, enséñale a tus hijos a orar e interceder antes de ir al médico o desesperarse; si quedaste atrapado en un atochamiento automovilístico, aprovecha de escuchar una canción que les guste a ambos, canten juntos y disfruten un momento de alegría, ya que si ve en ti que no hay que desesperarse, él también lo aprenderá; si es de noche pero tú le animas a tener un tiempo devocional con Dios aún a pesar del cansancio, formarás un hábito que será indestructible y cuando venga la prueba o el tiempo difícil, tu hijo e hija se aferrará a las promesas del Padre y recordará lo dicho en Filipenses 4:6 (NTV) “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho”.

Amigos, no olviden que la Palabra de Dios nos señala que sobre toda cosa guardada hemos de guardar el corazón y en el caso de nuestros hijos e hijas esto se vuelve un imponderable. Aquella semilla que pondrás en ellos deber ser constantemente regada, cuidada, limpiada de malezas y abonada, sabiendo que el crecimiento lo da el Señor en su tiempo y conforme a su fidelidad. Fuimos escogidos por El para instruir y guiar a nuestros hijos e hijas, sabiendo que si no nos sentimos capaces o no sabemos cómo hacerlo, podemos acudir al Padre con total confianza y expresarle cómo nos sentimos y qué ayuda necesitamos. Sé específico, no tengas temor. Tú y yo tenemos un Sumo Sacerdote que se compadece de todas nuestras debilidades y un Padre que nos ama con amor eterno.

En lo concreto, existen algunas acciones que te ayudarán a la instrucción y comunicación con tus hijos. Anímate a practicarlas; con la ayuda del Señor, todo es posible.

  1. Genera durante el día al menos un momento en que la familia pueda conversar y reunirse. Si es la hora del té, hablen mirándose a los ojos, respetando la opinión del otro, eviten tener la televisión prendida y/o tener los celulares en la mesa. Conéctate emocionalmente con tu familia; esos momentos pueden ser lo mejor de tu día.

  1. Si tu hijo o hija te comenta algo importante para él, un problema o situación qué le ha impactado, evita aconsejarlo o escucharlo mientras haces otra labor. Si él te abre su corazón, dedica unos minutos a escuchar aquello que es importante para él mirándolo a los ojos, luego puedes darle un abrazo y orar con él. Si tienes hijos pequeños puedes ponerte en cuclillas para generar una mejor comunicación.

  1. Tengan todos los días un momento devocional como familia. Enseña a tus hijos a poner sus gratitudes y necesidades en palabras, para así orar a Dios. Lean juntos una historia bíblica o una porción bíblica con los más grandes, recuerda que hoy en día hay distintos formatos de Biblias y libros de devocionales según las edades y necesidades de nuestros hijos, por tanto dedica un tiempo para buscar aquél que puede ser más útil en su caso. Este devocional puede ser en el horario que a ustedes más les acomode, siendo lo importante generar el hábito en tus hijos (y en nosotros, los padres), conocer a nuestro Dios a través de la oración y la Palabra y aprender que ella nos ayuda en situaciones diarias, por tanto si puedes ejemplificar o terminar el devocional con alguna aplicación concreta a la vida de tu hijo, tendrá efectos mucho más profundos en ellos.

  1. Si en cualquier instancia tus hijos te dicen o preguntan algo que te abruma o sorprende, recuerda que nuestra conversación siempre debe ser con gracia, para que sepamos cómo responder a cada persona. Si sientes falta de sabiduría, sigue el ejemplo de Salomón y toma el consejo que da Santiago: “si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie” (Santiago 1:5 NVI).