El que llama…es fiel!

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Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona d
e favores y misericordias” Salmos 103: 1-3

Nací en el seno de una familia pastoral de  la ACyM en San Bernardo. Mis  primeros recuerdos son muy lindos y cálidos,  era el menor de seis hermanos, en casa siempre había gente y las reuniones en el templo eran parte de mi vida. Creo que entendí el evangelio siendo muy pequeño. El  orar, leer y aprender versículos de la Biblia era algo natural.

Pero junto con entrar en la adolescencia, y la rebeldía que esta incluye, en el año 1967, sucedió un terremoto en mi vida. Cuando todavía no cumplía los catorce años el Señor llevó a mi Padre a las moradas celestiales.

Ahora comprendo que los caminos del Señor son perfectos y ‘todo tiene su tiempo’, pero en ese momento mi pena y desconcierto me llevaron poco a poco a probar ‘lo que todos hacen’, pasando por periodos de tratar de sacarle ‘la chispa a la vida’ no importando el como.

El año 1977 dejé la Universidad, vendí todo lo que tenía, que no era mucho, y me fui a conocer el mundo. Pase por Perú,  y en Ecuador viví casi un año. Nunca negué al Señor Jesús y allá entre los conocidos, me decían ‘el hermano’, pero muchos de mis actos estaban lejos de lo que agrada al Padre Celestial.  El Señor en su misericordia preparo un ‘gran pez’, estaba ilegal en el país y en una redada de la policía de inmigraciones me detuvieron: cinco días de calabozo y cinco de cárcel común derribaron toda mi filosofía de vida, y me di cuenta que era un necio, estaba queriendo comer algarrobas, cuando en la casa del Padre celestial había vida abundante. Me humillé delante del Señor, pedí de su perdón y comenzó mi vida nueva.

Llegué a casa de mi Madre, que dijo: Ah llegaste, yo oré: “Señor tráelo como sea, enfermo, quebrado, como sea, pero tráelo de vuelta”. Sería largo de contar lo lindo que fue empezar todo de nuevo, pero debo decir que quería ser un buen cristiano y decidí tres cosas básicas: Primero – Leer la Biblia cada día (al presente la he leído 10 veces en castellano en diferentes versiones, 2 veces en inglés y ahora la estoy leyendo por séptima vez en ruso).   Segundo – Dar mis ofrendas y diezmos. Tercero – asistir regularmente a las reuniones de oración de la iglesia.

También quería servir en la iglesia, por lo que me pusieron de ayudante en la clase de Intermedios de la EEDD. El año siguiente creamos la clase de Juveniles, en la que estuve por casi 10 años, fue una verdadera fuente de gozo ver la obra del Señor en los corazones de tantos adolecentes. Paralelamente comencé a trabajar con jóvenes y luego a predicar en la iglesia. También tuve la oportunidad de servir en la directiva del Distrito de Jóvenes. Después de un tiempo de estar predicando constantemente, y no solo en iglesia ACyM, empecé a escuchar ‘hermano, ¿Usted no a pensado en prepararse para ser pastor?, muy sinceramente respondía: “Sí hermano, lo he pensado pero siempre mi respuesta es NO. Quiero ser un buen miembro, pero ser pastor no es para mi”.

Pasó el tiempo y creció en mi un sentimiento de carga, porque no quería dar lugar a la idea de que Dios me llamaba al ministerio,  esto se acentuó al punto que oré: “Señor por favor dame claridad en esto.”  En tres ocasiones el Señor me presentó el llamado claramente, después de lo cual no luché más y en 1986 ingrese a ITAM. Durante mis estudios seguí sirviendo al Señor en mi iglesia local, pero luego me encargaron ‘pastorear’ por un año la iglesia de Puente Alto, que no tenía pastor.

El año 1991 habiendo prácticamente terminado, viajé a EEUU e Israel, donde el Señor me mostró la obra misionera y me convencí que nosotros los latinos también podemos servir en las misiones transculturales.

JESUS+EN+LA+ARENAEmpecé mi ministerio pastoral en 1992, pero paralelamente me preparaba para ir a las misiones.

Sería muy largo relatar con detalles mi llegada a este país del norte de Europa, pero al menos diré que en el camino pensé que el Señor me llamaba para ir a la India, porque sentía carga por la evangelización de ese país. Empecé a aprender inglés, tomé todos los cursos de misiones que pude. El año 1994, cuando quise aprender el idioma Hindi, el Señor, a través de mi iglesia Alianza me apartó para venir  a este país, donde llegué el 12 de Febrero del 1995, y en donde sirvo hasta hoy.

Contar de mi servicio aquí en esta nación sería tema de un libro, pues son muchos las diferencias con Chile: el idioma, la cultura, el clima y la mentalidad,  pero un corto resumen es que estuve casi 10 años en una ciudad al Sur del País, trabajando en equipo para plantar iglesias. El Señor me usó de una u otra manera en la plantación de 4 Iglesias, las que al momento de venirme a la ciudad dónde estoy ahora, tenían 180, 85, 35 y 25 miembros respectivamente y tres de ellas tenían ‘Casa  de Oración’ (templo).

En la ciudad donde vivo ahora he ayudado en la plantación de 3 iglesias, hasta el día de hoy trabajo en dos de ellas.

Sirviendo transculturalmente se viven momentos de alegría y satisfacción, pero también momentos difíciles y amargos, pero puedo decir con gozo que: el que llama es Fiel, y esto es suficiente para poder seguir adelante a pesar de las múltiples dificultades que se enfrentan.

A mi Padre celestial, al Señor Jesús y al Bendito Espíritu Santo sea la honra, la gloria y el honor por los siglos de los siglos.

Con mucho cariño y con un corazón muy agradecido a mis hermanos de la ACyM de Chile.

Eliel