Tres cosas que tus niños deben saber sobre la identidad de género

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 Creado para contribuir al propósito de la humanidad



“Ustedes fueron comprados por un precio.
Por lo tanto glorifiquen a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:20).

El pináculo del diseño de Dios fueron Adán y Eva.

Un hombre. Una mujer.
Eran algo más que una creación única.

AUTOR: Dannah Gresh

“Tú eres el sol, brillando la luz en todo el mundo… Yo soy la luna sin luz propia”, la cantante y compositora Sara Groves canta al Dios del Universo en su canción “You Are the Sun” (Tú eres el Sol) Ella se llama a sí misma una “piedra fría y oscura.” Y así somos.

Y, sin embargo, da un paseo en una noche de luna llena en toda su brillante gloria. Mejor aún, lleva a tus hijos a caminar, y preséntales el ejemplo práctico más grande del mundo. Al mirar al cielo, recuérdales que la luna es solo una piedra fría y oscura, sin luz propia. Sin embargo, hace que el sol sea conocido al “glorificarlo”. Esta teología hasta un niño de cinco años puede captarla, y deberían hacerlo, a la luz de la revolución de género.

Aquí tres verdades que los niños deberían conocer acerca de sus cuerpos para que la verdad moral y su fe puedan sobrevivir a la revolución de género.

Tu propósito principal es glorificar a Dios.

Dios te hizo para El y ha protegido celosamente Su tesoro al sacrificar a Su Hijo. Ese sacrificio nos motiva a glorificarlo. Y no te equivoques, se necesita nuestro cuerpo para glorificarlo. “Ustedes fueron comprados por un precio. Por lo tanto glorifiquen a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co.   6:20).

Nuestros hijos no necesitan auto­estima. Ellos necesitan Dios­estima. Si ellos estiman a Dios, van a entender su valor, pero no van a pensar de sí mismos como la gran cosa. Es el momento de recordar Quién da luz a este mundo de tinieblas, y entrenar a nuestros hijos para que sepan que glorificar a Dios es darlo a conocer y hacerlo visible.

Este es nuestro objetivo principal, ­ no una gran carrera, no una familia, no la fama, no la riqueza, ­sino la adoración a Dios.

Tu práctica principal debe ser parecerte a Él.

Lo hacemos mejor en nuestros roles definidos de masculinidad y feminidad. Encontramos esta verdad firmemente plantada en el Génesis. El pináculo del diseño de Dios fueron Adán y Eva. Un hombre. Una mujer. Eran algo más que una creación única. Eran una representación. “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. … Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1: 26­27).

La humanidad posee muchas cualidades semejantes a Dios. ¿Por qué Dios no menciona los rasgos como ser inteligentes o adoradores o creativos cuando habla de que fuimos creados a Su imagen? ¿Por qué no elogió nuestro dominio de la lengua o nuestra capacidad para componer sonetos? Al parecer, éstas no son las cosas que nos asemejan más a Dios. Son nuestra masculinidad y nuestra feminidad las que nos hacen semejantes a Él. Esto coloca la humanidad y la sexualidad auténticas en el contexto del carácter distintivo masculino y femenino. Nuestra capacidad de parecernos a Él ordena que abracemos estas diferencias, no que las borremos.

Nuestros cuerpos deben ser un sacrificio vivo a Dios.

En Romanos, el apóstol Pablo también nos ruega que hagamos a un lado nuestros propios planes para nuestros cuerpos, y así hacerlos sacrificios diarios, vivos, en nuestro propósito de glorificar a Dios. Esto incluye la forma en que trabajamos, vivimos, damos, gastamos, e incluso con quién tenemos relaciones sexuales, sin tomar en cuenta qué “preferencia” de género podría ser tentadora para nosotras. Esos versículos dicen: “Os ruego por las   misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.” Romanos 12: 1­2.

¿Por qué te hizo Dios una mujer? ¿O un hombre?

Porque fuiste creado para contribuir al propósito de la humanidad de glorificar y disfrutar de Dios. Dios te ha elegido para que lo puedas hacer como mujer u hombre. Iluminas quién Dios es cuando abrazas el rol que te dio, porque es en las distinciones entre masculino y femenino que somos la imagen de Dios. Y seamos honestos, habrá ocasiones en que esto será un sacrificio. La obediencia a Dios y no a nuestros propios deseos puede ser profundamente   dolorosa. Tal vez incluso para ti.

¿Cómo eres TÚ llamado a sacrificarte? ¿Darás de ti mismo (como lo hizo Cristo)?, ¿Te entregarás a ti mismo?

¿Vas a preparar a tus hijos para ser contraculturales y para que adoren a Dios en lugar de adorarse a sí mismos?

Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com