Buenos administradores: ¿Un asunto sólo de adultos?

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Enseñando a nuestros hijos a ser buenos administradores

Administradores de la multiforme gracia de Dios”

1 Pedro 4:1

Dios nos da la oportunidad de formar a un pequeño ser, moldeándolo y dándole herramientas para la vida

Autor: Mabel Molina

Han leído frases como “lo que se aprende en la cuna siempre dura”, “Dame los primeros siete años de vida de un niño y te diré lo que será el hombre del mañana”. El Pr. Darrow Miller nos habló hace unos años atrás (2012), en el Encuentro de Mujeres Ayinwal que “la mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo”.

¿Será muy pequeño mi hijo para que le enseñe a ser un buen administrador? Me sorprende Dios cuando en Proverbios 22:6 me dice “instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”, siguiendo el modelo bíblico vemos que los niños pasaban sus primeros años junto a sus padres, a quienes se les había encomendado la tarea de instruirlos desde pequeños en las enseñanzas de los mandamientos, “enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:7). Desde este fondo teológico tenemos la gran responsabilidad y oportunidad de “criar a nuestros hijos en disciplina y amonestación del Señor” tal como lo escribe Pablo a la Iglesia de Éfeso. (Efesios 6:4)

Como padres tenemos una tarea especial e individual con ellos en sus primeros años de vida, donde además de nutrirlos y atenderlos, se les debe dedicar tiempo: formando, entrenando, enseñando los principios bíblicos y también, por cierto, disciplinando. Proverbios 29:15 nos hace una advertencia “El muchacho consentido avergonzará a su madre”. Dios nos da la oportunidad de formar a un pequeño ser, moldeándolo y dándole herramientas para la vida. Que importante es cultivar en ellos las características de un buen administrador; ser organizados, ordenados, prolijos. El supremo acto de la creación da cuenta de esta gran característica de nuestro Dios, Él planeó la Creación, se organizó, “la tierra estaba desordenada y vacía”, fue estableciendo (dirigió) día por día en completo orden y sincronización, al finalizar la tarea evalúa lo realizado (control) “y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gn 1:31). Para continuar con la organización de lo que Él había realizado, pone al hombre como administrador, les da las herramientas e instrucciones para desarrollar su gestión, luego de ver que todo era muy bueno, descansó.

Como hija debo reconocer el hermoso ejemplo de mis padres. Recuerdo con tanta claridad cuando yo tenía 5 años, verlos construir literalmente a pulso nuestra casa; o cómo ellos se organizaban para enfrentar la vida. Recuerdo los tiempos de cesantía, mi papá iba a pescar o mariscar, y mi mamá cuidaba de una huerta en el patio de la casa. Por otro lado, en los tiempos de bonanza se ahorraba gran parte del sueldo para la época de escases o tiempos de “vacas flacas”. En esos tiempos, mi corta edad, entendía que “pedir” era complicado, así que en vacaciones los helados en bolsita fueron para mí una excelente fuente de ingresos. Esto me hace sentido con el relato bíblico tan citado para el día de la madre “mujer virtuosa, quién la hallará”.

No hay mejor legado para un hijo que el ejemplo de vida de sus padres en todo orden de cosas, nótese que Proverbios 31 comienza indicando que las palabras que el rey Lemuel dirá, se las enseñó su madre, luego continúa el relato bíblico con la hermosa secuencia elogiando a esta mujer que se organiza, se esfuerza, es emprendedora, generosa, no es derrochadora, sus conversaciones son cultas y domina las enseñanzas bíblicas.

Como padres debemos poner en práctica todos estos principios bíblicos, como una gran herencia de bendición a nuestros hijos. Viene a mi mente una frase que usamos en el ministerio de niños ENE: “Es mejor preparar vidas de niños que reparar vidas de adultos”. La Misión de Dios es la esperanza de salvación para Su creación, una esperanza que por gracia comienza aquí en nuestros hogares y hasta lo último de la tierra.