Aplicando fe en la crianza

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El traspaso de la fe a la siguiente generación

“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios….  Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”.

(Marcos 10:14, 16)

Autor: Naara Mena

No podemos saber exactamente lo que el Salvador estaba sintiendo en un momento tan conmovedor, pero sí sabemos que estaba “preocupado” por las influencias destructivas que estaban girando alrededor de los inocentes.  Sí podemos saber que Jesús sintió una gran necesidad de orar y bendecir a los niños.

En el tiempo en que nos encontramos, ya sea que las amenazas sean globales, locales o en vidas individuales, es necesario orar por los hijos. Viven en un mar de tentación y transgresión que los inunda. A menudo algunas de las fuerzas en su contra parecen estar más allá de nuestro control personal. Bueno, algunos de ellos pueden estar fuera de nuestro control, pero testifico con fe en el Dios viviente que no están fuera de Su alcance.

Nuestra parte como padres es vivir el Evangelio y defender sus principios. Podemos enseñarles el Camino seguro, la Verdad salvadora, y la Vida gozosa.  Podemos arrepentirnos personalmente de cualquier situación que necesitemos arrepentirnos, y cuando hayamos hecho todo, podemos orar.  De todas estas formas, podemos bendecirnos los unos a los otros y especialmente a aquellos que más necesitan nuestra protección: los hijos. Como padres podemos mantener la vida unida de la manera en que siempre se mantiene unida: con amor y fe, transmitida como herencia a la siguiente generación.

En cuestiones de fe y creencia los hijos corren el riesgo de ser arrastrados río abajo por la corriente intelectual; nosotros, como padres, debemos preocuparnos más que nunca en mantener las anclas atadas, inequívocas y claramente reconocibles para los de nuestra propia casa. No, no podemos esperar que los hijos lleguen a la costa de forma segura si los padres no parecen saber dónde anclar su propio bote. 

Algunos padres, parecen creer que pueden relajar “un poco” los fundamentos sin afectar a su familia o al futuro de sus hijos. Pero, si un padre se desvía un poco del curso, es probable que los hijos sigan su ejemplo. Podríamos preguntarnos: ¿qué saben nuestros hijos de nosotros? ¿Saben nuestros hijos que amamos las Escrituras? ¿Nos ven leyéndola y aplicándola a la vida cotidiana? ¿Nos ven orando? ¿Saben que estamos orando por ellos? ¿Saben esos hijos que amamos a Dios con todo nuestro corazón? Oro para que lo sepan y lo vivan en la misma dimensión. “Jesús les dijo: Dejad a los niños venid a mí”. Que siempre sea así, oraremos fervientemente, por los hijos, en el nombre de Jesucristo. Amén.