Acompañando a los padres en la crianza

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Consejo, aliento y oración

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” Proverbios 3:5

Nosotros no somos llamados a crear nuevas normas, sino que nuestro esfuerzo debe estar centrado en descubrir las reglas que Dios ha establecido en cuanto a la relación padres e hijos.”

Autor: Alejandro Almonacid, Pastor

Este texto subraya uno de los grandes problemas que tenemos los seres humanos, confiar en nuestras capacidades y pensar que ello es suficiente para obtener buenos resultados. Esta problemática se ve altamente evidenciada en nuestra forma de hacer familia y en especial en nuestra forma de criar a los hijos ¿Cuál fue el último libro que leyó sobre como criar a nuestros hijos? ¿Cual fue la última charla para padres que escuchó?

Confiar en nuestras propias capacidades, no sólo es un problema que encontramos en hogares de gente lejana a la fe, incluso es la forma de actuar de muchos líderes y hermanos que con absoluta sinceridad sirven a Dios, pero que no han recibido la necesaria formación bíblica para cumplir tan importante rol. A la mayoría de las personas les nace de manera natural el sueño de convertirse en padres algún día. Pero cómo llegar a ser un buen padre o madre es el resultado de un aprendizaje consiente y sistemático.

Al hablar de los principios bíblicos, no solo nos referimos a mandamientos que son propios de nuestra creencia, además de ello, son las normas que Dios ha establecido a su creación, por tal razón, prestarles atención contribuirá al desarrollo pleno de los individuos que los practiquen. Esta norma, es plenamente aplicable a la familia y la crianza de los hijos. Nosotros no somos llamados a crear nuevas normas, sino que nuestro esfuerzo debe estar centrado en descubrir las reglas que Dios ha establecido en cuanto a la relación padres e hijos. No es menos cierto, que hoy principios humanistas están permeando las familias y sus mensajes distorsionados nos bombardean desde las más diversas esferas. Incluso los hijos de Dios, somos permeados por estas corrientes que se alejan del orden establecido por Dios. No podemos descubrir lo que Dios quiere para nuestra vida, si no buscamos esa verdad consiente y anhelantemente. No es algo que de manera natural llegará a nuestra vida.

Es necesario indagar diligentemente para saber cómo Dios quiere que nos comportemos como padres. Nuestro parámetro no puede ser la opinión de nuestros hijos, sino que la norma divina. Somos buenos padres en la medida que nos ajustamos al modelo bíblico y, por el contrario, estamos haciendo mal nuestra labor si no estamos de acuerdo con ese parámetro escritural, aun cuando contemos con la aprobación de nuestros hijos e incluso el de la sociedad.

Expectativas realistas en la crianza

La mayoría de los padres actuamos con la idea de hacer lo mejor para nuestros hijos. Muy pocas personas (aun cuando las hay) actúan de manera deliberada para dañar a sus hijos. La mayoría trabajamos para que jellos sea personas de éxito, tomen las mejores decisiones y les vaya bien en la vida. Pero la realidad, en algunas ocasiones nos golpea fuertemente al ver que cuando crecen no son todo lo que esperábamos. Toman malas decisiones, los vemos desorientados y en otras tantas veces, alejados de Dios. La primera pregunta que solemos hacernos es ¿En que me equivoqué? En algunos hogares esta realidad hace que exista una dura recriminación entre los padres, acusándose mutuamente de no haber realizado lo suficiente para criar al hijo(a) de la mejor manera.

Cuando examinamos el texto bíblico, nos encontramos con una interesante mirada a esta problemática, en especial cuando nos acercamos a libros como Reyes o Crónicas. No siempre padres fieles a Dios, tuvieron hijos que actuaron de la misma manera. O, por otro lado, padres alejados completamente de Dios, tuvieron hijos que fueron obedientes y cercanos a él. ¿Cuál es la razón de que no exista un único patrón que determine como responderán a nuestra crianza el día de mañana? Lo que sucede, es que no debemos olvidar que cada ser humano tiene la libertad de elegir su camino y mas allá de la influencia externa (los padres), cada persona tiene libre albedrío para tomar decisiones. Por tal razón, es que Dios nos hace a cada una responsable de ellas. Los padres siempre debemos esforzarnos para hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Capacitarnos lo que más podamos, pero aun así el resultado no está garantizado plenamente. Por tal razón, no podemos culparnos por las decisiones que de manera personal toman nuestros hijos cuando ya han crecido, más allá de que siempre quede la sensación que lo pudimos haber hecho mejor ¿Qué hacer entonces?

Más allá de nuestras capacidades

En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado” Proverbios 21:1

Es verdad que llega el momento en que nuestros hijos ya no están bajo nuestro control o ya no atienden a nuestros consejos, y es justamente ahí cuando existe una clara diferencia si incluimos a Dios en nuestra familia. Descubrimos que no estamos solos en nuestra tarea. Partíamos afirmando que lo peor es confiar solo en nuestras capacidades, ya que la realidad prontamente nos demostrará que hay situaciones ante las cuales nos será imposible manejar todos los elementos, y en especial cuando queremos afectar la voluntad de nuestros hijos. “En las manos del Señor está el corazón del rey”. Podemos confiar que también en esas mismas manos está el corazón de nuestros hijos. Cuando las cosas se escapan a nuestro control (pero también cuando las estemos controlando), en lugar de lamentarnos por lo que hicimos mal, es un buen momento para ir en oración a Dios y así trabajar juntos en nuestro rol de padres.